El post de hoy va dedicado a mis compañeros de la Acia, es una pequeña reseña de la prueba más importante para cualquier estudiante del idioma Japonés, afortunadamente la mayoría la aprobamos…
El sol no tarda en salir. Un ruido perturba la oscuridad de la noche fría. Es el Opening de Full Metal Alchemist, Ready Steady Go, de L’arc n’ Ciel. Lo he puesto como alarma para no quedarme dormida. Llegó el día que tanto había estado esperando durante los últimos meses: El Dia del Examen de Conocimientos sobre la Lengua Japonesa, mejor conocido por los estudiantes de japonés como el Nouryoku Shiken 日本語能力試験.
Esta vez, la sede era La Salle, de Banjamín Franklin. La mañana empieza a caer, formando un bello contraste entre la luz del día y las luces artificiales de la ciudad. Sus rascacielos y edificios gigantes causan una sensación de asombro y lucen majestuosamente dormidos aun desde las alturas. A unas cuadras de allí, ya a eso de las 8:30 a.m, decenas que pronto se convierten en cientos de estudiantes provenientes de todos puntos de la Capital e incluso del país comienzan a formar una larga fila que rodea las instalaciones de la Salle. Todos ellos son estudiantes de japonés, la mayoría jóvenes, de entre 12 y 30 años de edad. Una madre despidiéndose desde la puerta de un Monsa rojo le grita a su adolescente hija que mira con espasmo a la multitud que: “si no lo pasas te saco! y ya no te lo pago…” –luego la mamá se ríe, dejando ver que solo se ha tratado de una broma y termina de sentenciar- “…hasta que acabes la prepa”.
Así como ella miles de los que estamos aquí nos acercamos al idioma japonés a través de una puerta llamada anime, pero solo muy pocos de ellos comprendimos que Japón era mas mucho mas que eso, que el anime solo era una de sus facetas y llegamos a enamorarnos verdaderamente del sueño de aprender japonés conservando esa bella ilusión emanada de sus fantásticas historias de juventud y color. Todos ellos estamos aquí, a las puertas de una de las escuelas mas prestigiadas de México intentando obtener un certificado de alguno de los 4 niveles de conocimiento de este idioma tan complejo. Estudiarlo y dominarlo puede llevar incluso mas tiempo que una carrera profesional, y hasta implicar todavía mas dedicación, pero sobre todo voluntad.
Esperar todo un año para presentar este examen, se vuelve pues, una fecha especial.
La fila no tarda mucho en avanzar. A la entrada muestras tu boleta de inscripción con fotografía y alguna identificación extra para corroborar que se trata de ti. Una vez que cruzas los torniquetes de entrada y dejas atrás a la muchedumbre arremolinada en las afueras, un nervio electrizante te recorre todo el cuerpo. Hombres y mujeres japonesas y gente de México que trabaja con japoneses o en alguna institución relacionada con gafetes sobre el pecho te dan la bienvenida mientras tu caminas emocionado de verlos allí guiándote hacia el interior de la escuela. Son aplicadores, visores, profesores y organizadores del evento.
Los edificios escolares se erigen imponentes a lo largo y ancho de toda la manzana que abarca La Salle. Es innegable que pese a que una escuela de esas magnitudes seguramente alberga solo a alumnos de acomodada posición económica, las instalaciones son sorprendentes. Simple y sencillamente diré que, cada edificio, de no menos de dos o tres pisos en su mayoría con mas de 12 aulas cada uno, tienen mas de un acceso. El edificio en que me tocó a mí hacer el examen tenía tres escaleras por las cuales podías llegar a cualquier salón del edificio. Por todos lados, los carteles (oshirase お知らせ) escritos en japonés resultan muy vistosos. Los hay en los baños, en las aulas, en los cubículos y en los pasillos. Incluso vi uno que decía: “dirección” (本部).
Por sentido común llegamos hasta donde un grupo de estudiantes miraban un anuncio de estos muy cerca de las máquinas despachadoras de soda, y vimos que allí estaban las listas de los números de folio de cada uno de los aspirantes con el salón que les corresponde. Cosas tan simples como esta se te graban con fuerza en la cabeza.
La marejada de jóvenes no cesa de llegar. Buscar a los amigos, rostros conocidos, o una sonrisa entre los extraños. Es hora de ir al baño si no las hecho antes un sinfín de veces. Entonces, sucede algo curioso. Todos empiezan a hablar del japonés, de sus clases, de tal o cual tema o tal o cual estructura gramatical. Es el nerviosismo previo que no se puede encerrar y busca salida como un río subterráneo. Los minutos transcurren a un ritmo vertiginoso.
La hora de despedirse llega, mis compañeros intentarán aprobar el nivel que el año pasado no consiguieron y yo tengo que intentar aprobar el que viene, 3kyuu (sankyuu 3級) en el edificio mas grande. Camino a el, no dejas de apreciar las instalaciones de la salle. Un reloj muy elegante de unos cinco metros de alto esta justo al centro de una plazoleta hundida, saliendo de la cafetería. Una vez que topas tu salón, y echas una ojeada al interior, el tiempo se detiene solo un instante. Allí está Yamada O, e Irene Tachika, nuestras aplicadoras, preparando la papelería necesaria para el inicio de examen.
Solo encuentro a Javier, un muchacho que tomó conmigo el curso preparativo para 3級 en la clase de Ken sensei. Tras intercambiar saludos y algunos comentarios, la hora de inicio esta al fin en puerta.
Han de saber, tanto quienes ya han hecho este examen como los que tienen la intención de presentarlo algún día, todo el protocolo larguísimo y repetitivo que a continuación viene. Te leen una serie de instrucciones dignas de una siesta y una lista de puntos y reglas a respetar durante el transcurso del examen, tales como qué haces si se llegar a sucitar un sismo, un incendio o alguna otra tragedia, indican que no puedes tener nada en tus pupitres salvo tu lápiz, tu goma y tu boleta de inscripción con fotografía. El uso de celulares y aparatos eléctricos con memoria alfanumérica están terminantemente prohibidos, y te advierten que en caso de que alguno de ellos emita un sonido por mínimo que sea durante la aplicación del examen, la calificación se anula y se pierde el derecho a la boleta de resultados, así como aquel que intente copiar las respuestas de la hoja de respuestas de algún compañero o no siga las instrucciones de los aplicadores.
Sinceramente creí que iba a presenciar un momento vergonzoso cuando, tras haber comenzado a leer todo este sermón llegó un muchacho corriendo, con la cabeza empapada en sudor, la frente roja y jadeando torpemente. Sin embargo no fue asi, y en verdad me alegro por él, tuvo suerte de que el examen no hubiera comenzado aun.
El examen consta de 3 partes, que comprenden un total de 400 puntos, de los cuales necesitas un 60%, o sea 240, para obtener la acreditación para los niveles 3 y 4, y un 70% para los niveles mas avanzados, o sea 2kyuu y 1kyuu (kyuu en japonés significa nivel y el 1 es el mas alto, el considerado experto)
La primera de estas tres partes es lo que se conoce como mojigoi, o vocabulario y escritura, en ella vienen oraciones con kanjis mal escritos o sinónimos para que tu encuentres la respuesta correcta, o palabras en hiragana a las cuales debes transformar en kanji o viceversa, y la sección en si, tiene un valor de 100 puntos.
Luego viene la segunda parte, que es la auditiva o kikitori. Se hace un pequeño receso de unos 20 minutos y se comienza a reproducir una cinta con ejercicios auditivos. No sin antes acudir nuevamente al protocolo de leer absolutamente todo lo que ya se leyó al principio de las instrucciones y demás. Los ejercicios de esta sección son de 2 tipos. Uno en el que se escucha la cinta para adivinar en el cuadernillo de preguntas a cual de las ilustraciones se refiere el reactivo en cuestión, y otra en donde las preguntas carecen de imagen, por lo que entra en juego también la retención memorial. Kikitori tiene un valor también de 100 puntos.
Tras otro receso de 20 minutos y otro sermón, viene la parte final, llamada dokai-bunpoo: comprensión de lectura y gramática. Esta tiene un valor de 200 puntos y una duración del doble de tiempo (70 minutos) y consta de ejercicios simples sobre el uso de partículas, terminaciones verbales, conectores, conjugaciones, etc. Y un aparte final de 2 ejercicios largos en los que se presenta un texto de comprensión sobre el cual se hacen preguntas al final y tienen un valor elevado de puntuación, por lo que son cruciales para una buena calificación.
El reloj camina, los cuadernillos están claramente escritos. Mojigoi, kikitori y bunpoo se han ido en un suspiro. Yo me asomo por la ventana y veo el sol caer sobre los tejados de los alrededores. ¿A dónde me ha traído la vida?. La aplicadora termina de dar las instrucciones finales. Habrá que esperar hasta marzo para conocer los resultados.
Mi certificado esta en juego, lo sé. No ha sido fácil.
Empecé muy bien mojigoi. Prácticamente no hubo ningún kanji que no supiera, y me atrevo a confiar que alcanzare 90 de los 100 puntos posibles.
Kikitori fue una vil tragedia. Si saqué 40 de los 100 puntos de esta sección me doy por bien servida. Y no es pretexto, pero la grabación era muy mala. La voz de la onna no ko (mujer) se oía muy distorsionada, y otro poquito que sinceramente no tengo el mejor oído del mundo…
En fin, espero que la ultima parte, dokai-bunpoo, me salve. Esta valía 200 puntos. Pero los ejercicios no eran nada sencillos. Afortunadamente, creo haber resuelto bien los ejercicios finales de comprensión de lectura, que sé que tienen un puntaje alto.
El Nouryoku Shiken es algo que me hubiera gustado vivir desde hace muchos años… una isla en este mar de preocupaciones y estrés.
Dentro de mis múltiples facetas, Japonés o algo relacionado con esto quiero dedicarme algún día.
04 Diciembre, 2007